Patricia Bustos Acostas.- Apenas ayer nos ocupamos en este espacio, de las turbulencias que agobian a la Secretaría de Salud, en Guerrero, derivado de las desviaciones y saqueos que ha sufrido esta dependencia, al grado que el Ejecutivo estatal tuviera que demandar el apoyo del gobierno federal, para el pago de la nómina laboral ante lo que se considera una quiebra de finanzas.

Pero como si todo aquello no fuera suficiente, brotó de inmediato otra purpulencia que viene a desnudar la endeble figura de dicha Secretaría de Salud, como fue el hallazgo de un tiradero de medicamentos caducados en la zona identificada con la Cieneguita, de Chilpancingo.  En este sitio los pobladores descubrieron que se estaban quemando grandes cantidades de medicinas las que de acuerdo a las etiquetas correspondían al sector salud del estado.

Y hablamos de una escandalosa experiencia porque esta misma situación se dio en las administraciones de los ex gobernadores Zeferino Torreblanca Galindo y de Ángel Aguirre Rivero, al ser botados en terreno baldíos y hasta en las mismas bodegas de la Secretaría de Salud, iguales proporciones de productos medicinales que evidenciaron descuidos criminales y hasta un menosprecio a la salud de los guerrerenses.

En aquellos fechas la población llega a conjeturas que se estarían ocultando y desapareciendo pruebas de grandes hurtos, pero lo verdaderamente condenable es que mientras a los enfermos se les niegan apoyos con medicinas para su tratamiento médico, en los almacenes de este importante sector se esconden los productos hasta permitir su caducidad.

La aquí afirmado es una realidad que todos los días se vive en clínicas y hospitales de la Secretaría de Salud, y el mejor testimonio lo dan las víctimas que enfrentan el rechazo despiadado sobre sus necesidades. En tanto que a los responsables del quebranto y corrupción que tiene hundida a la Secretaría de Salud, no se les toca ni con una reprimenda.

Comentarios